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Reconstruir las técnicas de combate medieval a través del estudio de tratados históricos y un duro entrenamiento: esa es la misión de la Orden de la Jarra, asociación pamplonesa fundada en el año 2005.

Desde entonces, la agrupación ha participado en más de 100 ferias a lo largo y ancho de la geografía española, incluidas algunas declaradas de interés turístico nacional. En ellas, los miembros de la Orden han ofrecido apasionadas exhibiciones de combate, interesantes talleres de esgrima y otras tantas actividades que han hecho las delicias de cientos y cientos de personas de todas las edades.

Esta asociación, pionera en Navarra, debe su nombre a otra con el mismo título, la histórica Orden de la Jarra del Reyno de Pamplona, fundada por el rey García Sánchez III en el siglo XI.

Historia y leyenda de la Orden de la Jarra o de la Terraza (SXI)

Cuenta la leyenda que, allá por el año 1044 después de Cristo, García Sánchez III, rey de Nájera-Pamplona, Álava y parte del condado de Castilla, salió de caza por los bosques najerinos con un halcón adiestrado sujeto al puño de su guante.

Allí, entre los árboles, algo atrajo su atención y la de su ave: el vuelo raudo de una perdiz. De inmediato, el rey liberó al halcón, que comenzó a perseguir a su presa; ésta, viéndose en peligro, buscó refugio entre unas rocas, y hacia ellas se lanzó su rapaz enemigo.

Al no aparecer ninguna de las dos aves, el monarca, intrigado, se aproximó a las rocas, rodeadas de maleza. Apartó las hierbas con su espada y descubrió la entrada de una galería… Acuciado por su curiosidad, el rey dio un paso y comenzó a avanzar por su oscuro túnel. De pronto, un misterioso resplandor y una suave fragancia sorprendieron al monarca, quien, guiado por esa luz y ese delicado aroma, llegó hasta una cueva situada en las entrañas del monte najerino.

La escena que contempló le hizo postrarse en actitud reverente: sobre un altar tosco iluminado por la luz de una lámpara ardiente, relucía una imagen de la Virgen. Junto a ella descansaba una jarra de azucenas… y parados frente a la imagen, como fascinados, se encontraban los dos pájaros rivales.

Deslumbrado por el hallazgo, de repente el rey tuvo un presagio: conquistaría Calahorra. Y así lo hizo, con toda brillantez, al cabo de un año.

Su agradecimiento a la Virgen por todo ello fue tan profundo que decidió construir, pegado a la misteriosa cueva, el templo más bello que vieron los siglos. Además, no contento con haber levantado este suntuoso monasterio, quiso honrar todavía más a su virgen y creó la Orden de la Terraza, la primera y más antigua institución nobiliaria y caballeresca de España. El monarca la fundó con un único objetivo: distinguir y ennoblecer a los caballeros de su corte.

Con los años, esta organización llegaría a conocerse como la Orden de la Jarra, y es que, por aquel tiempo, a las terrazas se las llamaba también “jarras”. Precisamente, el rey García Sánchez III llamó así a su creación porque su insignia era, como no podía ser de otra manera, la jarra de azucenas de la Virgen a la que adoraba.

Los miembros de la Orden de la Jarra

Creada la institución, el monarca mandó labrar ricamente muchos collares de finísimo oro de los que pendieran delicadas jarras de azucenas. Una vez elaboradas las joyas, hizo un llamamiento a las más personas más importantes de sus reinos: las convocó un 25 de marzo del siglo XI, coincidiendo con la fiesta de la Anunciación de la Virgen, en la iglesia de Santa María la Real.

Aquel día, después de celebrar la misa, el rey mostró los collares que había mandado labrar. Se puso el primero de ellos, y, a continuación, comenzó a entregar los demás a los miembros de la Orden de la Jarra.

Primero fue el turno de 5 hijos suyos, a saber, los dos Sanchos que le sucedieron en el reino; el infante don Ramiro, señor de Calahorra, Torrecilla de los Cameros y Ribafrecha y sus villas; el infante don Fernando, señor de Jubera y Lagunilla; y el infante don Ramón, señor de Murillo y Agoncillo. Más tarde, quiso también honrar y favorecer con esa divisa a muchos de sus caballeros, entre quienes se encontraban don García Sánchez y don Íñigo Sánchez, hijos de don Sancho López V, señor de Vizcaya.

Como miembros de la institución fundada por el rey García Sánchez III, una de sus obligaciones era asistir a las celebraciones en honor de Nuestra Señora, especialmente la Anunciación. Debían hacerlo, claro está, revestidos con la divisa de la Orden, una jarra de azucenas de oro pendiente de un collar también de oro.

El fin de la Orden de la Jarra

El monarca najerino murió en septiembre del año 1054 en la batalla de Atapuerca, en la que marchó contra su hermano Fernando I de Castilla.

A partir de entonces, no se tienen más datos de la Orden de la Jarra.

Fuentes de la leyenda del rey García Sánchez III y su Orden de la Jarra:

  • Hernández Lázaro, José Fermín (1983). «Órdenes militares, divisas y linajes de La Rioja». Historia de La Rioja. Edad Moderna-Edad Contemporánea. Caja de Ahorros de La Rioja. pp. 52. ISBN 84-7231-903-2.
  • Diego José Dormer: “Discursos varios de historia, con muchas escrituras reales antiguas, y notas a algunas dellas” (1683), págs. 177-197.